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2012-08-28

eladio20120826.jpgA los fundadores de Tomelloso

Desde Cuadernos Manchegos, allá por los noventa y antes de que nos dejara atrás el Siglo XX, lo calificamos como el "novio de La Mancha". Podríamos haberlo hecho como el poeta enamorado o un soplo de amor en la llanura; sea como fuere nunca el amor podría heber quedado fuera de una definición de Eladio. El bueno de Eladio, el que nunca faltó a una Fiesta de las Letras, el que nunca falló a sus amigos a los que, año tras año, visitaba cada vez que el verano, la feria, lo traía a Tomelloso.

Si las calles de este pueblo (hablando de él no existen las ciudades) tuvieran sentimientos y pudieran expresarse, Eladio encabezaría cada una de sus definiciones (calle de Eladio Independencia, calle de Cabañero Belem, plaza de Eladio España) y habrían llorado su muerte como así lo hicieron tantos y tantos amigos a los que pegó su buenura. A mí me dijo un día: "no entrecomilles nuestras palabras, nuestros dichos, nuestros textajos; quién quiera saber que aprenda". Y no le he hecho caso. Estará haciendo una raya en el cielo cada vez que piso la tecla.

En una entrevista, poco después de dar el fallo de la Fiesta de las Letras, me platicó que la feria para él y para la mayoría de los tomelloseros era la tómbola. "No hay feria sin tómbola", sentenció.

Ahora, cuando he vuelto a leer el poema que publicamos este domingo, "A los fundadores de Tomelloso", después de no se cuantos cientos de veces leído, las lágrimas han vuelto a inundar mis ojos. Es imposible transmitir tanto amor, tanta querencia, tanta ternura, tanta admiración y tanta tristeza como en esos versos escritos en Madrid después del éxodo social de los años sesenta.

Y no quiero dejar de escribirlo. No me da la gana hacerlo. El curriculum que publicamos, copiado de wikipedia, narra su descendencia, hijo de un comprometido socialista que fue fusilado en la sinrazón del 36, durante la guerra fraticida que se extendió a lo largo y ancho de tres interminables años. Y lo hago porque quiero decir que nunca, nunca llegaron a mis oidos una queja, nunca una muestra de resentimiento. Por eso digo que es el poeta del amor, el poeta enamorado, el novio de La Mancha, de toda de ella sí, pero desde las entrañas de Tomelloso. Y ¡ea! que por tí, puro amor, amor puro.

A los fundadores de Tomelloso

El aire horizontal mueve las nubes.

Ha llovido de ábrego ha poco y todavía

un olor montesino penetrante transcurre

Macollas de masiegas vanas y chascas secas,

tomillos abundosos, gamonitas, romero,

hiervas ralas, sin nombre, de las trochas estrechas;

cardanchas, aliagas, matas de monte bajo,

cerrillo, cabezuela, lastón, melgas, ballico;

somerales de de lanchas y tobazos calcáreos.

Y entre esta soledad, una tierra que espera,

cosida hasta la tosca por la grama

en copes anchos, grávida y somera.

Allá por mil quinientos, cuando se roturaban

los nuevos continentes, cuando los españoles,

cuando las almas indias y Cristo, cuando España

se empezaba a poner -sol ancho que de pronto

se empoza en el Oeste-, cuando Iberia

araba mares para otros

aquí llegaron unas manos removedoras,

unas manos de encina, nerviosas, laborales,

llegaron unas manos de campo, luchadoras.

Los Quiralte, los Sánchez, los López-Carretero,

vestidos con sus blusas, sus pañuelos, sus panas

y abarcas bien calzadas, llegaron los primeros.

Venian con un hambre de tierra labradora,

de viñas arraigadas por toda la llanura...

Venian a una "América" pequeña y negadora,

de vientos fronterizos y estrechas heredades,

en donde hubiera sólo un pozo y una venta

y un ámbito infinito que no miraba nadie.

Eran hombres enjutos, enhiestos como chopos,

braceros de Castilla, sin hiel, gente guerrera

que clavaron arados y azadas hasta el fondo,

que con la misma tierra levantaron sus casas,

que de los huesos mismos extrajeron aliento

entre el gran desamparo de La Mancha.

Fundaron un cercado de aldeanas paredes

con cuevas horadadas hasta la misma tosca,

o bombos primitivos contra el cierzo y la nieve

en los mondos ejidos de las hazas abiertas...

De sol a sol lograron a porfia sus vinos

y el pan nuestro de puro confiar en la nada,

de soñar sin descanso y sudar de contino.

Fueron años de amor y esfuerzo. Las semanas

que hicieron en cadena crecer a Tomelloso

amanecían puras, igual que las mañanas

de aquel lugar sencillo, pero maravilloso.

¿Quién dice que érais pobres? Quien habla no es un sabio,

ni un santo ni un hidalgo tampoco es quien lo dice.

A veces la ceguera crece y sube hasta el labio

y a veces el amante odia y se contradice.

Racimo de dos viñas. No es pobre este paisaje

"en donde el ojo encuentra su pleno mediodia".

No es pobre el descuidado que sueña, aunque trabaje

para nada, aunque no halle descanso ni alegría.

II

Te envío, Tomelloso, desde aquí estas palabras

que desean solamente ser vedaderas, tuyas.

Desde Madrid, a sol puesto, casi a treinta y un años

de haber nacido un día debajo de tus tejas,

hoy te envío estos versos libres, vivos, sin música,

en libertad, lo mismo que lo verde,

distinto en cada caso y cada clase,

de la siembra ondeando en tornasol, la hilera

de las viñas que están empanpanando

antes de que por junio aciguaten los soles

la luz verdegueante de tu color purísimo.

Esto que ahora te escribo, de mí para tí sólo;

no necesito nada más que decir tu nombre,

que la verdad vivida con amor y heroísmo

se inscribe en las pizarras vírgenes de los sueños,

queda gravada al hilo del viento misterioso

que fluye, años arriba, rayando las sagradas

celdillas de las fieles cabezas que te aman.

Que ello diga por mí. Que el tiempo en su clausura,

la gran pared borrada, la oscura medianera

de la vida y la muerte diga por mí. Que cuente

como te levantaron aquellos pobladores

a fuerza de quererte, muriéndose en sí mismos,

uvas, mostos y vinos que eran sacrificados

entre trigos y cardos, azafran y sequía,

y manojos de rosas de centeno tronchado,

melones y sandías pasados a cuchillo,

sarmientos calcinados y aventadas raíces.

Mejor que nadie han dicho y han hecho y han cantado

tus hijos más humildes -sabios analfabetos-

que se hicieron señores dignos de tu nobleza,

si es que un pobre merece ser señor siendo pobre.

Voy a escrbir sus nombres, los que siempre escuchara

y convivido incluso. Empiezo recordando

a Andrés, el que hizo un chozo y desgranó la tierra,

una pequeña tierra difícil, con mi abuelo

cerca de Riozáncara, con azada y espuerta,

con pan seco y sardinas y con agua salobre.

Los Rebato, los Calva, los Cobo y los Cepeda;

los Perona, los Sánchez, Torres y Carreteros...,

mil pequeños colonos trabajando en lo "suyo".

Los hermanos Juan, Pedro, Francisco, Luis, Antonio...,

como aquí se les trata y se les nombra;

los Menora, Montera, Mantellina y Triguero,

que a pesar de llegar a la noche agotados

en las verás de arar suertes y plantar viñas,

cantaban a sus novias, cuando las pretendían,

romería, carnaval o domingo de ramos:

"Señorita de lo verde,

venga usted a ser mi pastora;

que el ganado que yo guardo

de lo verde se enamora."

Y:

"Una morena me debe

medio duro, medio duro,

pero me lo está pagando

con el salero del mundo."

Los ejes de los carros, las piedras de cantera,

brazos roturadores del pedernal más duro;

los nombres de tus hijos famosos, de esa fama

que es quedarse de siempre anónimos del mundo

aunque viviendo puros en muchos corazones.

Los hermanos Candojo, plantadores de viñas,

maestros albañiles, ases de los tapiales;

El fuerte Estebán Ponce; Villalta, el molinero;

Santiago Losa, aún vivo, en su carretería

(menos fuerte y enfermo, me dicen, y lo siento).

o Luis el de la Ossa, un gañán con su yunta,

que aró parejamente y derecho, con arte

de pintor que realiza trigo y grumos de uva.

José María Mezcua, Galo, José Reguera,

Luis el Tártago, enjuto, que adelantó unas viñas

y Juan Pedro Tenaza, que siempre vivió pobre.

Mayorales de lucha, ascetismo y desvelo

que salían de quincena con la labor, sin horas,

del pobre morillero pequeño y los zagales,

rendidos, y él despierto, dormidos en la saca.

Nunca fuisteis noticia de las planas primeras

porque nunca un periódico mereció esas noticias,

que ahí, donde los veis, esta gente, estos campos,

estas mujeres secas, curtidas, estas cosas,

merecen libro aparte, otro cantar distinto.

¿Decía de tus mujeres?: abarcas, patalones

y saya arrecogida por detrás y pañuelo

¿Terreras? Sí. Y viñeras que en las vendimias gastan

bromas y picardías, pero sencillas, nobles,

que aunque digan textajos a veces, frases gordas,

otras cantan con gracia salada, desdeñando

por juego, los requiebros, con femenina gracia:

"Si te vas o te vienes,

yo no te llamo;

como las golondrinas

en el verano".

Vence el paisaje al hombre, el tiempo vence a todos.

Aquí estuviste siempre, poblado o no, viviendo

la verdadera historia, un mundo a tu medida:

aquí sencillamente, pobres y agradecidos

de tanta soledad, paz de esta geografía;

aquí hicisteis las casas, los carros, las azadas

particular ley vuestra de trabajo y cultivo:

bombos, cuevas-bodegas, chimeneas industriales

elaborando holandas con orujo, y alcoholes

desahuciando los vinos -sin culpa- para ello.

Patentasteis el hoyo donde acodar las viñas

-al Norte- que apurasen al máximo la tierra,

y el segar con dediles sangrantes la cebada y el trigo

y hasta incluso el centeno larguirucho y la avena

comiéndoos la tierra y la hoz y el rastrojo.

Hoy te envío estas plabras aprendidas entonces

cuando probé tu sangre aloque y sentenciosa,

que no puedo olvidarte nunca aunque lo quisiera.

Después de que me vine, a los pueblos que he tratado

y las caras que he visto, me son provisionales,

aparte, como al margen, que después de la vida

de tu campo y tus calles no hay nada que me colme

ni que me importe tanto como tú ni me duela.

Y ¡ea!, que por vosotros y por vuestras mujeres,

hacendosas, heroicas, puro acero, ardil puro,

se sabe de una raza tan neta y clara,

se llama Tomelloso aquel pobre tomillo

de fe que se levanta a pulso hasta la gloria.

Biografía

Eladio Cabañero López (Tomelloso, Ciudad Real, 6 de diciembre de 1930 - Madrid, 22 de julio de 2000)

Su padre, fotógrafo y maestro, que había sido militante socialista y presidente de la Casa del Pueblo, fue fusilado tras la guerra civil, en 1940. De formación enteramente autodidacta, durante su niñez y primera juventud se dedicó a trabajar en el campo y a la albañilería, primero como aprendiz y luego como oficial. Se trasladó a Madrid en 1956 y estuvo empleado en la Biblioteca Nacional durante 12 años. También trabajó 10 años en la Editorial Taurus.

Fue redactor jefe de La Estafeta Literaria y de la revista Nueva Estafeta hasta su desaparición. En 1963, fue incluido en la antología Poesía última de Francisco Ribes, donde también aparecen poemas de Claudio Rodríguez, Ángel González, José Ángel Valente y Carlos Sahagún, autores que conforman el grupo poético madrileño que se dio a conocer en la década de 1950-1960, al que los críticos bautizaron con el nombre de generación de los 50.

Entre los premios obtenidos por Cabañero se encuentran el Juventud, por su poema ''El pan'', un accésit al Premio Adonais, el Premio Nacional de Literatura y el Premio de la Crítica.

Pocos como Eladio Cabañero han sabido captar la árida dulzura de las tierras manchegas. Su obra canta con ternura el paisaje y las gentes de su Tomelloso natal con un emocionado lirismo, al tiempo que desarrolla otros temas constantes de su lírica como el amor, la soledad, el desvalimiento, la queja ante la injusticia.

Obras (Poesía)

Desde el sol y la anchura, Tomelloso, Ayuntamiento, 1956.Una señal de amor, Madrid, Rialp, 1958. (Accésit Premio Adonais 1957)Recordatorio, Madrid, Taurus, 1961. (Reeditado en 1995 por Ediciones La Palma)Marisa Sabia y otros poemas, Madrid, Gráficas Halar, 1963. (Premio Nacional de Literatura 1963)

Obras (Prosa)

La Mancha. Ensayo preliminar de Eladio Cabañero. Fotografías de Josip Ciganovic, Madrid, Clave, [1968]

Recopilaciones

Poesía (1956-1970), Prólogo de Florencio Martínez Ruiz, Barcelona, Plaza & Janés, 1970. (Premio de la Crítica 1971)Señal de amor (Antología poética 1956-1991), Madrid, Ediciones Libertarias, 1992.Poesía reunida, Introducción de Francisco Gómez Porro, Tomelloso, Ayuntamiento, 2001.

Estudios

Ríos Ruiz, Manuel, La poesía de Eladio Cabañero, en Cuadernos Hispanoamericanos, núm. 262 (1972), págs. 151-167.Alambor. Revista de la Asociación Cultural de Tomelloso, número 1. Homenaje a los poetas Eladio Cabañero y Félix Grande. Tomelloso, marzo de 1982.Debicki, Andrew P., Eladio Cabañero: imágenes, estilo, efecto, en Poesía del conocimiento. La generación española de 1956-1971, Madrid, Júcar, 1987, pags. 257-280.La Estafeta Literaria, VII Época, núm.13. Homenaje a Eladio Cabañero. Madrid, 2000.Rodríguez Ruiz, Esteban, Eladio Cabañero: una mirada hecha verso. Aproximación a su poesía, Tomelloso, Soubriet, D.L., 2004

 

 

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