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2014-08-25

felix20120828.jpgTal como están las cosas

FERIA 2014

Tal como están las cosas
tal como va la herida
puede venir el fin
desde cualquier lugar

Pero caeré diciendo
que era buena la vida
y que valía la pena
vivir y reventar

Puedo morir de insomnio
de angustia o de terror
o de cirrosis o de
soledad o de pena

Pero hasta el mismo fin
me durará el fervor
me moriré diciendo
que la vida era buena

Puedo quedar sin casa
sin gente sin visita
descalzo y sin mendrugo
ni nada en mi alacena

Sospecho que mi vida
será así y ya está escrita
Pero caeré diciendo
que la vida era buena

Puede matarme el asco
la vergüenza o el tedio
o la venal tortura
o una bomba homicida

Ni este mundo ni yo
tenemos ya remedio
pero caeré diciendo
que era buena la vida

Tal como están las cosas
mi corazón se llena
de puertas que se cierran
con cansancio o temor

Pero caeré diciendo
que la vida era buena:
La quiero para siempre
con muchísimo amor

FERIA 2013

Donde fuiste feliz alguna vez

Donde fuiste feliz alguna vez
no debieras volver jamás: el tiempo
habrá hecho sus destrozos, levantando
su muro fronterizo
contra el que la ilusión chocará estupefacta.
El tiempo habrá labrado,
paciente, tu fracaso
mientras faltabas, mientras ibas
ingenuamente por el mundo
conservando como recuerdo
lo que era destrucción subterránea, ruina.

Si la felicidad te la dio una mujer
ahora habrá envejecido u olvidado
y sólo sentirás asombro
-el anticipo de las maldiciones.
Si una taberna fue, habrá cambiado
de dueño o de clientes
y tu rincón se habrá ocupado
con intrusos fantasmagóricos
que con su ajeneidad, te empujan a la calle, al vacío.
Si fue un barrio, hallarás
entre los cambios del urbano progreso
tu cadáver diseminado.

No debieras volver jamás a nada, a nadie,
pues toda historia interrumpida
tan sólo sobrevive
para vengarse en la ilusión, clavarle
su cuchillo desesperado,
morir asesinando.

Mas sabes que la dicha es como un criminal
que seduce a su victima
que la reclama con atroz dulzura
mientras esconde la mano homicida.
Sabes que volverás, que te hallas condenado
a regresar, humilde, donde fuiste feliz.
Sabes que volverás
porque la dicha consistió en marcarte
con la nostalgia, convertirte
la vida en cicatriz;
y si has de ser leal, girarás errabundo
alrededor del desastre entrañable
como girase un perro ante la tumba
de su dueño... su dueño... su dueño...

Félix Grande

 

FERIA 2012

El poeta tomellosero Félix Grande nos regala en este cuarto día de feria tres páginas inéditas del nuevo libro que aparecerá próximante. Grande juega lierariamente con los efectos del colesterol en esta sociedad que, despavorida, responde a sus efectos como si de la peste se tratara. Empieza apoyándose en su amigo Manuel Alcántara, recordando que "Conversar con él ante una mesa deslumbrada por los destellos de los entremeses y los buenos pescados y bendecida por botellas de tinto ilustre equivale a convertir en una sonatina de alegría la potestad del infortunio".

La Edad Media en la actualidad

Por Félix Grande

La buena suerte me ha deparado el privilegio de ser amigo de poetas que son también artistas en el arte de comer con delectación, beber con gozo y fumar sin terror. Manuel Alcántara es uno de ellos. Conversar con él ante una mesa deslumbrada por los destellos de los entremeses y los buenos pescados y bendecida por botellas de tinto ilustre equivale a convertir en una sonatina de alegría la potestad del infortunio. Fue él quien lacró en la conciencia de todos aquellos que sentimos mucha desconfianza ante las criaturas inapetentes esta parodia formidable: "Se advierte a las autoridades sanitarias que vivir perjudica seriamente la salud". Con esa frase sabia se enfrentó a la cruzada actual contra el tabaco y contra las jaurías de especialistas y los horripilados que olfatean, con ánimo inquisitorial, los rastros del colesterol. Un huracán de abominación recorre los países engolosinados de modernidad, con la misión de excomulgar con los mandamientos de la religión de la ciencia a todos sus fieles y conversos, esos desventurados que se arrodillan ante su propio pánico y huyen precipitados de la presencia de las grasas lácteas y cárnicas, las proteínas de cerdo y los licores y los dulces súbitamente culpables de abarrotar de triglicéridos la sangre de los comilones. Manuel Alcántara, apiadado por el sufrimiento de tantos millones de infelices que sienten horror ante las consecuencias de lo que ahora se menciona groseramente como la vida sedentaria, escribió en otra ocasión memorable: "Además de la amistad y la poesía, sólo otros dos prodigios me interesan en este mundo: la buena vida y la mala vida": son palabras llovidas del cielo en estos tiempos desorientados en que las gentes aspiran a seducir a la inmortalidad haciendo footing, bebiendo agua embotellada y comiendo lechuga, en clara emulación de los conejos y con el afán insensato de olvidar que en el planeta Tierra nadie se queda de simiente. Por mucho que una criatura moderna corretee al atardecer por las aceras en zapatillas de deporte y engullendo afanosamente el aire envenenado por los millones de automóviles que han convertido el mundo civilizado en un garaje; por mucho que una criatura moderna se llene la panza de escarola tras haber masticado con obediencia laboriosa setenta y cinco gramos de ternera a la plancha; por mucho que una criatura moderna se resquebraje de cólera a causa de su resentimiento contra los fumadores que emporcamos un aire que es de todos (mientras curiosamente nadie se retuerce de cólera contra las cien mil marcas de automóviles que en la televisión se ofertan a las pulsiones de consumo en que nos hemos convertido los habitantes del, con permiso, mundo civilizado); por mucho que una criatura moderna vigile amedrentada cada mañana su peso en la báscula de su cuarto de baño, y al ver el avance del fiel se sienta pecador por haber deglutido el día anterior un exceso de hidratos de carbono y hasta un demoníaco trozo de queso añejo; por mucho que una criatura moderna se crucifique en las normas dietéticas encaminadas a que no se le desmande la silueta ni se le compriman las arterias; por mucho que una criatura moderna transforme sus potencias intelectuales en un fardo de ofuscación beligerante contra los quebrantos sigilosos que se desprenden desde las cumbres de los calendarios como una nevada de suave adversidad... esa criatura moderna hará muy bien no dejándose triturar por la fiera dentadura de los ensueños ni de las ilusiones: esa criatura moderna se va a morir, como viene siendo costumbre en el reino animal desde hace millones de años.

Es verdad que, antes de morirse, esa criatura moderna habrá conocido la vanidad de hacer su "tránsito de lo oscuro a lo oscuro" con una buena calidad de vida, que es como hoy se llama a la tortura de privarse de las tres cuartas partes de los pocos placeres que ofrece la existencia antes de llamarnos a la disolución de manera completamente terminante. Hay quien no bebe jamás un vaso de vino ni fuma jamás un cigarrillo ni se aproxima nunca a un plato de esa cosa grasienta que se llama jamón, a cambio de ponerse lívido de miedo ante el sonido del vocablo colesterol: esa palabra mágica tiene el bárbaro don de estimular en las multitudes modernas un terror pánico ancestral. La historia de la Humanidad quizá no ha conocido una palabra que conduzca con tan atroz premura a los mortales hasta los laberintos de la locura. Tal vez, en la Edad Media, la palabra peste originaba tanto desconsuelo como origina hoy la palabra colesterol: pero no más. Si en cualquier reunión de gentes generalmente bien informadas apareciese de pronto un bromista desaprensivo y gritase ¡Colesterol!, la desbandada podría ocasionar una parva de muertos y tullidos pisoteados por los despavoridos. Alguien ha referido que, al iniciarse un poco de fuego en una esquina del teatro, la gente comenzó a buscar las salidas con inelegante pero comprensible premura; que un animoso gritó con autoridad pidiendo orden y serenidad en la huida y consiguió ambos milagros y que, naturalmente, todos murieron achicharrados o asfixiados. Pues bien: irrumpa usted en algún templo de la ópera, en Viena, en New York, en Milán, en Madrid, da lo mismo, en el que más gracia le haga, grite ¡Colesterol! con todas sus fuerzas, con convicción, con vocación, sin ánimo de lucro, ¡Colesterol, colesterol!... y tenga la seguridad de que el primero a quien la multitud pánica pisotea por entre las butacas será el infeliz que haya osado recomendar serenidad, desconociendo que las lenguas de fuego del vocablo colesterol aventajan en tamaño a las que la imaginación más pía pudiera atribuir al Infierno. Usted grita con un júbilo depravado ¡Colesterol, colesterol! en medio del templo de la ópera, en cualquiera, en el que más le plazca, en el que menos desafine, en aquel en donde sea posible que el aplauso a una actuación de Plácido Domingo dure seis o siete horas sin contabilizar los bises, ¡Colesterol!... y en cuestión de minutos el templo más exquisito de la música más selecta del mundo se queda hecho literalmente una ruina: las butacas, despedazadas; los cortinajes, arrancados; las libreas de los acomodadores, desgarradas y convertidas en colgajos; los escotes de las damas, desmesurados por la aglomeración en las salidas, y ellas, las damas, con las tetas al aire; los smokings de los caballeros, mancillados por chorreones de sangre; las autoridades políticas y culturales, ridiculizadas en la general algarabía, ya que las reputaciones más honorables se vuelven abyectamente plebeyas a la hora de salir corriendo; y ni sueñe usted con que el dúo de Pamina y Papageno pueda retener ni moderar la hecatombe centrífuga suscitada por el terror, puesto que la soprano y el barítono que con sublime sensibilidad encarnaban a su personaje habrán sido los primeros en correr como ratas y gritando "¡Colesterol, colesterol, socorro!"

Es que la gente se está volviendo un poco rara. Con tal de alargarse la vida (lo que tampoco es seguro: eso nunca se sabe) son capaces de morir un poco cada día. Con tal de no verle la cara a la muerte son capaces de dejarse tocar el culo por la muerte un ratito diario, un manoseo todos los días. Con tal de huir de los horrores a que nos condena la comida basura (incluídos los dulces, el codillo, las salsas, el rabo de toro y otros enemigos del hombre) son capaces de alimentar todas sus horas de vigilia con la basura del espanto. Están haciendo un mal negocio, abuelo. Y tú qué bien hiciste colaborando con las fatigas de tu corazón... Andando el tiempo, mi padre, el hijo mayor del abuelo Palancas, también murió del corazón y, de igual modo, negándose a mirar a otro lado cuando vino la muerte. Y ahora resulta que, según parece, yo también puedo aspirar a la fortuna de morirme del corazón.

Biografía

Hijo de republicanos -su madre trabajó en un hospital durante la guerra civil mientras su padre combatía en el frente-, nació en Mérida, Badajoz, pero vivió su infancia y juventud -desde los dos hasta los 20 años- en Tomelloso (Ciudad Real), donde su abuelo era cabrero. Era guitarrista flamenco cuando, según ha contado él mismo, decidió cambiar ese instrumento por la literatura, que en su pluma posee mucha relación con la música. En Tomelloso fue jornalero y descubrió el amor.

En 1957 se muda a Madrid, donde "sigue empleado en menesteres alejados del ejercicio profesional de la literatura hasta que en 1961 comenzó a trabajar como redactor en Cuadernos Hispanoamericanos", revista de la que llegará a ser director (1983-1996; a la caída del Gobierno socialista fue destituido y pleiteó para ser restituido a su cargo, lo que consiguió). Ha dirigido asimismo la revista de arte Galería (1989) y la colección El Puente Literario de la editorial Edhasa (1969-1971).

Comenzó su carrera literaria con la poesía y obtuvo su primer premio, el Adonáis en 1963, por Las piedras, "libro de talante existencial en el que explora el tema de la soledad". Dos años después, en 1965, ganaría su primer galardón de narrativa, el Premio Eugenio d'Ors por su novela corta Las calles. Desde entonces no ha cesado de escribir y de recibir distinciones de todo tipo.

Su obra evolucionó desde la inspiración machadiana y el compromiso social del poemario Las piedras hasta una reflexión sobre el lenguaje y el erotismo.

Logró el premio Nacional de Poesía en 1978 por Las rubáiyatas de Horacio Martín, en que se inventa un heterónimo inspirado en el Abel Martín de Machado y en el Ricardo Reis horaciano de Fernando Pessoa.

Como narrador, destacan sus obras Por ejemplo, doscientos (1968), Parábolas (1975), Lugar siniestro este mundo, caballeros (1980), Fábula (1991), Decepción (1994), El marido de Alicia (1995), Sobre el amor y la separación (1996) y La balada del abuelo palancas (2003).

Aficionado a la música, letrista y guitarrista él mismo, como flamencólogo ha escrito García Lorca y el flamenco (1992), Agenda flamenca (1987), Memoria del flamenco (1995), que obtuvo el premio nacional de Flamencología, y Paco de Lucía y Camarón de la Isla (2000). Es miembro de número de la Cátedra de Flamencología y estudios folclóricos.

Félix Grande señala que los poetas que le marcaron fueron Antonio Machado, Luis Rosales -de quien fue discípulo y amigo y del que ha prologado y seleccionado los poemas de la antología Porque la muerte no interrumpe nada-, y César Vallejo, entre otros.

Después de Las rubáiyatas de Horacio Martín no había vuelto a escribir poesía, pero ese silencio de más de 30 años terminó en 2010, cuando incorporó su nuevo poema La cabellera de la Shoá en la antología Biografía y a fines del año siguiente salió Libro de familia.

Está casado con la poeta Francisca Aguirre con la que ha tenido una hija, la también poeta, Guadalupe Grande.

Falleció el 30 de enero de 2014 en Madrid de un cáncer de páncreas. Sus restos mortales reposan en el cementerio de Tomelloso.

Premios y distinciones

Premio Alcaraván 1962Premio Adonáis de Poesía 1963 por Las piedras. Premio Guipúzcoa 1965 por Música amenazada. Premio Eugenio d'Ors 1965 por la novela corta Las calles. Premio Gabriel Miró 1966. Premio Casa de las Américas 1967 por Blanco Spirituals. Premio Nacional de Poesía 1978 por Las rubáiyatas de Horacio Martín. Premio Hidalgo. Premio Nacional de Flamencología 1980. Premio Barcarola 1989. Premio Felipe Trigo de Narración Corta 1994 por El marido de Alicia. Premio Manuel Alcántara 1996. Mejor Escritor de Temas Flamencos, revista El Olivo, 1998. Premio Extremadura a la Creación 2004. Premio Nacional de las Letras Españolas 2004. Premio Quijote a la Creación Literaria 2007. Premio Comunicación 2008 de la Cadena SER de Ciudad Real. Hijo Adoptivo de Santiago de Chuco, por sus trabajos de estudio y difusión de la poesía de César Vallejo (1988). Miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (1997). Hijo Adoptivo de la Ciudad de San Roque (Cádiz; 2001). Medalla de oro de Castilla-La Mancha (2005). Miembro correspondiente de la Real Academia Hispano Americana (Cádiz; 2005. Miembro de número de la Real Academia de Extremadura de las Artes y las Letras (2009). Hijo Predilecto de Mérida (2010)

Obra. Poesía

Las piedras, Rialp, Madrid, 1964 (Premio Adonais 1963). Música amenazada, El Bardo, Barcelona, 1966 (Premio Guipúzcoa 1965). Blanco spirituals, La Habana, Casa de las Américas, 1967 (Premio Casa de las Américas 1967). Puedo escribir los versos más tristes esta noche, Seix Barral, Barcelona, 1971. Biografía (1964-1971), Seix Barral, Barcelona, 1971 (2ª edic. ampliada, 1977). Taranto. Homenaje a César Vallejo, Barcelona-Lima, Carlos Milla, 1971. Años, Editora Nacional, Madrid, 1975. Antología con prólogo de Rafael Conte. En secreto, Sombra de Albatroz, Madrid, 1978. Las rubáiyatas de Horacio Martín, B., Lumen, 1978 (Premio Nacional de Poesía)Biografía. Poesía completa (1958-1984), 1986, 2.a ed. aum., Anthropos, Barcelona, 1989); incorpora el poemario La noriaCarta abierta, antología, Biblioteca de Autores y Temas Manchegos, Ciudad Real, 1987. Seis poemas, carpeta y grabados de Miguel Ángel Lombardía; Multigráfica Taller, Madrid-Gijón, 1991. Cuaderno, antología con dibujo de Eugenio Chicano, Colección Tediría, Málaga, 1993. Con buenas formas, antología, Málaga Digital, Málaga, 1997. Conversación, antología, UGT, Imprenta Sur, Málaga, 1997. La canción de la tierra, antología, Orbis-Fabri, Barcelona, 1998. Blanco spirituals / Las rubáiyatas de Horacio Martín, edición de Manuel Rico; Cátedra, Madrid, 1998. Una grieta por donde entra la nieve, antología, Renacimiento, Sevilla, 2006. Biografía. (1958-2010), Galaxia Gutenberg, 2010. Antología con prólogo de Ángel Luis Prieto de Paula; incorpora un nuevo poema: La cabellera de la ShoáLibro de familia, Visor, Madrid, 2011

Narrativa

''Las calles, novela corta por la que obtuvo el Premio Eugenio d'Ors 1965. Por ejemplo, doscientos, Ciencia Nueva, Madrid, 1968. Parábolas, Júcar, Madrid, 1975. Lugar siniestro este mundo, caballeros Legasa, Madrid 1980; Anthropos, Barcelona, 1985. Fábula, Plaza y Janés, Barcelona, 1991. Decepción, El País Aguilar, Madrid, 1994. El marido de Alicia, Ayuntamiento Villanueva de la Serena, 1995. Sobre el amor y la separación, Valdemar, Madrid, 1996. La balada del abuelo Palancas, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, 2003

Ensayo

Occidente, ficciones, yo, Cuadernos para el Diálogo, Madrid, 1968. Apuntes para una poesía española de posguerra, Taurus, Madrid, 1970. Mi música es para esta gente, Seminarios y Ediciones, Madrid, 1975. Memoria del flamenco, Espasa Calpe, Madrid, 1976 (eduación actualizada: Círculo de Lectores, Galaxia Gutemberg, 1996). Elogio de la libertad, Espasa Calpe, Madrid, 1984. La vida breve, Godoy, Murcia, 1985. Agenda flamenca, Ediciones Andaluzas Reunidas, Sevilla, 1985. Once artistas y un dios. Ensayos sobre literatura hispanoamericana, Taurus, Madrid, 1986. La calumnia. De cómo a Luis Rosales, por defender a Federico García Lorca, lo persiguieron hasta la muerte, Mondadori, 1987. García Lorca y el flamenco, Mondadori, Barcelona, 1992. Paco de Lucía y Camarón de la Isla, Lunwerg, 1998; edición de lujo para coleccionistas, ilustrada por el pintor granadino David González, Zaafra

 

 

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