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2012-08-29

pavon20120829.jpg(y VI) De armonizar es lo que se trata por ahora

(I) Momentos decisivos o crisis pubescente. Hay un día, en la vida de todo hombre, en el que todos hemos sorprendido a nuestros familiares y próximos. Es aquel en que, al levantarnos por la mañana, se echa de ver que nuestra voz a enronquecido, nuestro cuerpo se ha estirado milagrosamente durante la noche, y nuestros ademanes y mirada han cobrado de súbito un "tempo piú lento", más sosegado. La ropa se nos ha quedado menguada, y en la música de nuestro espíritu, hasta ahora delgada y monocorde, han penetrado subrepticiamente melodías y contrapuntos que tienden a polifonar aquel único hilo de sonido que gozó nuestra niñez. Ese fenómeno se llama pubescencia o pubertad en términos biológicos. Etimológicamente, ello significa actitud para reproducirse. Edad en la que el hombre es ya capaz de multiplicarse. Edad en la que la vida, casi exclusivamente vegetativa hasta entonces, se incorpora al gran cosmos de la naturaleza creadora, al gran concierto del mundo que lucha, que siente y que sufre. Es el principio del fin. Se inicia la etapa de las responsabilidades, de la consciencia de las obras y el decir... Han quedado atrás, para no volver, las gracias, las piruetas y los balbuceos infantiles. En lo sucesivo no se nos reirá nada por la sola virtud de nuestra graciosa naturaleza; por el contrario, se nos exigirán constantemente garantías de nuestro proceder.

...Y este es, si bien se observa, el momento actual de Tomelloso. De una manera anárquica, precoz y a la buena de Dios, ha ido haciéndose, estirándose, hinchando sus contornos, hasta que una mañana, inesperadamente, se nos ha levantado con la voz ronca, con el cuerpo de cuasi hombre, con derechos y deberes ineludibles..., pero sin haber pasado las primeras letras con el poso debido, sin preparación para poder afrontar de golpe los enormes problemas económicos y espirituales que se han presentado en aluvión... Esto es triste, pero es lo natural; pues ello y no otra cosa es la crisis de la pubescencia: súbita multiplicación de necesidades físicas y espirituales, y ausencia de los medios y reservas necesarias para resolverlos de momento. Crisis, por tanto, que ha de resolverse lentamente, con cuidado, procurando medidas, sobrealimentaciones, dosificación de estudios, tacto en los consejos, plan racional para ir poco a poco equilibrando la enorme voracidad despertada... Hasta el mismo sastre nos tardará quince días en hacer el traje nuevo que venga bien al cuerpo tan prestamente desarrollado.

Tratemos de analizar objetivamente los síntomas de esta crisis pubescente que parece haberle llegado a nuestro pueblo. (Este síntoma que aquí denominamos "pubescencia" es metáfora de la denominación "edad media" que dimos al momento actual en el ensayo citado). García Pavón se refiere a un ensayo publicado en el diario Lanza los días 08-01-1947 y 09-01-1947.

(II) Desbordamiento vital

Cuando el hombre ha entrado en la pubescencia, experimenta que en el mundo ha aumentado sus posibilidades y apetencias. Ve más, oye más e influye más. En unas horas, lo que era la vida hasta entonces para él: una estrecha sucesión de sensaciones y de vegetativas operaciones, se ha transformando en una profunda galería, llena de luces, de resonancias, de músicas, de sugerencias, de secretas llamadas que lo solicitan pluralmente, localmente, con desacordadas fuerzas. El púber a todo quiere legarse, todo le apetece; pero sin plan, sin orden, tentado por lo más próximo, loco ante tal pirotecnia...; cualquiera de aquellos abismos de luz, virtuoso y pernicioso, puede asimilarlo en su inconsciencia... Urge entonces que el púber tenga un mentor que, con mano fuerte, le vaya guiando, retardándole los impulsos y señalándole con sabiduría qué es lo que debe dejar y cuánto debe tomar de lo que tomar es lícito... Que le acomode la retina a aquellas sugestivas luces que lo deslumbran por todo lugar.

Pues bien, como hemos dicho, quien haya observado la vida de Tomelloso durante estos últimos años verá que su comparación con la crisis pubescente del hombre no es capriochosa. Veamos; en la agricultura, nuestros paisanos, deslumbrados por sus posibilidades repentinas, se desenfrenaron. Se ganaba a montones, se gastaba de la misma forma, se multiplicaban las adquisiciones hasta quedarse sin numerario... hasta que se elavaron los precios a lo imposible. Quienes no habían sido agricultores en su vida, se improvisaron como tales tras el señuelo de las ganancias fáciles y rápidas. En la industria, aunque en tono menor, ocurrió algo parecido. Por todos lados aparecían fabricantes, aventureros irreflexivos, que alegremente, improvisadamente, querían levantar babeles utópicos... En el deporte, de súbito, Tomelloso se coloca a la cabeza de la provincia, se gasta dinero para él a manos llenas y se entusiasma al pueblo con esa empresa, haciéndola común. En el campo de la cultura se opera con la misma improvisación, a desordenadas marchas forzadas; ciclos de conferencias..., pero ni aumenta el número de estudiantes, ni se hacen bibliotecas, que son las dos bases imprescindibles de toda empresa de cultura.

Todos estos fenómenos suponen un desbordamiento vital interesantísimo, halagüeño en los más aspectos..., pero con una falla: de la medida, de la previsión, de la responsabilidad, del equilibrio, de la armonía. En suma, con falta de madurez ordenadora y sensata. Y es que Tomelloso está obrando durante estos años como un púber sin mentor... Y es hora, sin ir más lejos, cuando comienza a sentir este exceso de vitalidad sin encauzar... En el momento que una serie de causas más o menos nominables han entorpecido esa marcha loca en algunos aspectos, hemos gustado los primeros acibares de nuestra loca carrera. Nuestros entrecejos se arrugan, nuestros ojos se ablandan perdiendo su valiente tensión, y un exagerado aire de desengaño modela nuestro gesto. Y en realidad no pasa nada, absolutamente nada. Las causas que motivan la presente crisis y desaliento son naturales y de escasas consecuencias, de dimensión, por el momento... Sólo sucede que nos arrepentimos un poco de nuestra falta de previsión... Al púbero le han dado las primeras calabazas... Sólo sucede que el mocito lamenta el haber marchado demasiado optimista, sin que un mentor midiese uno a uno los pasos en su ascensión hacia la cumbre... El exceso de vitalidad nos había impulsado en el salto más de la cuenta y nos hemos descalabrado levemente. Pero esta descalabradura debe ser fecunda, debe señalarnos que ha llegado el momento de la meditación, de medir bien los planes de campaña, de ponderar nuestros efectivos, de atisbar con calma los obstáculos del camino.

Y en este trance de meditar, analicemos la vida de nuestro pueblo, veamos sinceramente lo que nos falta, lo que precisamos para salvar decorosamente, prudentemente, las muchas exigencias que nos plantea el presente y anuncio del porvenir..., que nos plantea el gran problema de la despierta y voraz pubescencia de Tomelloso.

(III) Indiferencia intelectual

Cuando al púbero se le van sentando un poco sus primero furores, llega a convencerse de que el fenómeno ideológico e intelectual procede, es matriz, de toda otra clase de fenómenos. La más elemental transacción comercial está enmendada no solamente por una inspiración de Mercurio, si no también, y sobre todo, por una idea, por una sencilla operación mental. Los músculos, la economía y las máquinas obran al dictado de una idea, de una serie de operaciones racionales, de las cuales la última etapa es esa realización física. Pues bien, esta perogrullada no la admite el púber en sus primeros momentos de transformación. Obra a la buena de Dios, por inspiración súbita, sin meditación, sin responsabilidad de los resultados ulteriores... Esta indiferencia e incluso desprecio por la jerarquía intelectual, suele ser también sintomático de los pueblos púberes y llenos de vitalidad como el nuestro.

Hay que reconocer que Tomelloso ha llegado a ser lo que es, así, a la buena de Dios, por obra de inspiraciones individuales y no orgánicas, no coordinadas, careciendo de un plan colectivo y consciente... Es ahora, después de las primeras y leves contrariedades, cuando empieza a caerse en la cuenta de que ya es hora de obrar acordadamente, con arreglo a un plan previo. En una palabra, con arreglo a las directrices que establezca una minoría selecta, competente, intelectual, responsable.

Resulta verdaderamente acongojante, por ejemplo, el experimentar que nuestro más conspicuos labradores ignoran de una manera profunda las más elementales enfermedades de sus productos, los más eficaces y científicos remedios; que nuestros vinateros no saben una palabra de la más moderna técnica enológica... Que aquí todo se hace a la pata llana, como nuestros abuelos, como los abuelos de nuestros abuelos. En el momento de que Tomelloso ha aumentado su demografía tan rápidamente y, como consecuencia, sus problemas, esa indiferencia o desprecio por lo intelectual ha llevado al presente estado, en el que falta una minoría técnica competente, perita y autorizada que sepa remediar con eficacia y rapidez las rémoras de nuestra economía y vida de conjunto... Una epidemia persistente puede mutilar todos nuestros viñedos y cereales sin que haya un solo organismo competente que pueda poner remedios oportunos. Una prolongada crisis de mercado puede desequilibrar todos los vinos no vendidos, sin que en Tomelloso exista un mal laboratorio de experimentación donde tener previstos científicamente estos remedios... Otros tipos de deficiencias, urgentes de subsanar para que Tomelloso pueda ir salvando su crisis pubescente, estarían ya resueltas si en Tomelloso existiese una minoría verdaderamente selecta, con dimensiones de influencia y acción nacionales. Pero el problema es todavía más hondo, y es que Tomelloso no está todavía demasiado próximo a crearse esa minoría rectora, entre otras causas, porque, consecuencia de nuestro inculto pretérito, en Tomelloso falta lo que pudiéramos llamar orientación vocacional. Analicemos someramente este mal, que es el más remoto y clave de nuestros problemas.

(IV) Falta de una orientación vocacional

En Tomelloso estudia muy poca gente; la pubescencia que padece le ha impedido ver claro que quien vale para estudiar y no lo hace, no solamente perjudica a su misma personalidad individual, sino que también perjudica a su pueblo como sociedad (cooperación de individualidades).

Consecuencia de ello, muchos padres de familia, con una inconsciencia verdaderamente suicida, a sus hijos, por mucho que valgan, les permite vivir a la buena de Dios, empleados con frecuencia, en menesteres impropios de su capacidad, sin querer comprender que Tomelloso, que su pueblo, necesita muchos y muy buenos estudiosos... En España dicen que sobran estudiantes –yo no lo creo- , pero en Tomelloso, si faltan, faltan peligrosamente... Pero todavía hay más: la mayoría de los estudiantes que hay en Tomelloso padecen de un torpe vicio nacional: el creer que hay carreras buenas y carreras malas, y que el estudiante llega a ser o no en la vida, no conforme a su personal valer, sino según la carrera que elija. Según esta bizca teoría, "la buena carrera" hará genios y "la mala carrera" creará desdichados. De ahí que muchos muchachos con verdadera facilidad para determinada rama –facilidad que en su día será vocación- utilísima para el interés de nuestro pueblo, hayan prescindido de cultivarla por dedicarse a otra carrera mejor, es decir, aparentemente más productiva. Esta desorientación vocacional y mercantilización de las carreras –fruto de la pubertad de Tomelloso- retrasa notablemente el logro de esa minoría de paisanos especializados, con amor a sus saberes y a su obra.

(V) Falta de un plan de porvenir

Claro está que si todavía nos falta una minoría técnica que atienda a los problemas más vigentes y básicos para un inmediato futuro, con mayor razón nos falta una minoría más selectamente intelectual, capaz de trazar los planos espirituales y materiales de un Tomelloso mediato. Quiero decir con esto que precisamos dos categorías, dos equipos de intelectuales. Uno, de técnicos propiamente, que sepan mejorar lo presente, capaces de enderezar por el camino más andadero la vida íntegra de nuestro pueblo; y otro equipo de más categoría, más metafísico si se quiere, que se ocupe de prever el Tomelloso lontano, ensoñado, ideal. Unos, preceptores que fortalezcan el nuevo púbero; y otros, más sabios, más teóricos, que vayan estudiando nuestra psicología y auténtica capacidad de proyección histórica para el día, lejano todavía, de tomar la toga viril.

Sería misión de los técnicos propuestos: equilibrar los excesos de nuestra vitalidad presente; organización de un adecuado sistema de cultura para el presente; crear una eficiente influencia política para acelerar las necesidades más perentorias (ferrocarril, pantano, carreteras, bibliotecas, amplitud de número de estudiantes; laboratorios de experimentación, estación enológica, nuevas urbanizaciones, arte, deportes), etc.

Sería misión de esa más selecta minoría intelectual subpropuesta: Ordenar, con arreglo a cánones lógicos, una futura industrialización de lo esencial, así como de lo accidental; buscar dentro de nuestra geografía nuevas fuentes de riqueza, ensayar nuevos cultivos (pues es indudable que al Tomelloso adulto y previsible no le bastará el viñedo con sus riesgos y desgaste); enfocarnos hacia un porvenir de personalidad cultural y política dentro de la nacional... Tantear, por tanto, por cuál terreno nos puede ser más fácil llegar a una sazón completa y magnífica... Esta dualidad rectora que propongo y que precisamos, no es una mixtificación mía. Supone la doble función engendradora que opera en toda alma colectiva o individual. Por un lado, procurar el perfeccionamiento de la diaria labor; por otro, ir madurando lentamente los planes de un posible porvenir. Ello es la doble función de la política más elemental: corregir y prever.

Ya sé que esta creación de minorías competentes no es cosa que pueda decretar nadie. Es algo que lo da el tiempo, el destino de cada pueblo; pero si cada uno de nosotros vive con una constante preocupación por nuestra patria chica y sus problemas, si no nos abandonamos y en los momentos de decidir, más que atenernos al menor esfuerzo, operamos con arreglo a la mayor tensión mental, este ciego destino podrá ser fácilmente domeñado por los hombres. Conviene, pues, que cada uno de nosotros, con arreglo a sus posibilidades y condición, se trace una serie de objetivos urgentes para el interés general y vaya hacia ellos por el camino más claro. Si todos seguimos obrando a la buena de Dios, sin caer en la cuenta de que no hay auténtico bien individual que no sea colectivo, esta magnífica vitalidad que le vino a Tomelloso con su pubescencia, se irá despilfarrando en esquemas arbitrarios e inoperantes; no sometidos a control y, como consecuencia, nuestro pueblo no llegará a lo que puede y debe llegar.

(y VI) De armonizar es lo que se trata por ahora

Que no se pierdan fuerzas superfluamente, que ningún músculo se desarrolle desproporcionadamente. Tomelloso ha crecido demasiado sin darnos cuenta, y cualquier abandono puede darnos serios disgustos, o al menos defraudarnos de un porvenir tan optimista a la vez que desordenadamente soñado por todos. Atiédase en partes proporcionales a todas las manifestaciones vitales de nuestro pueblo. Que todo avance acompasadamente, con arreglo a un plan compensado. De lo contrario, el púber podría resultar con los brazos muy fuertes y tonto de capirote o con unas pierna más gorda que la otra; fracasado como cuerpo armónico y eficiente. Y como esta gimnasia de puente y de fituro ha de verificarse con arreglo no a la libre y popular inspiración –insuficiente para el momento actual-, sino bajo la batuta de unos cuantos, queramos o no. (las ideas son obras de pocos. La masa las realiza). Estimo como tarea más urgente –como primer motor de cuanto va dicho- el incrementar a toda costa la labor cultural de Tomelloso, la labor que ha de darnos esos equipos rectores que precisamos. Tomelloso sería un acéfalo sin esas minorías. Precisamos ingenieros agrónomos, industriales, químicos, economistas, políticos, artistas, periodistas, naturalistas, arquitectos, etc., que en labor conjunta transformen nuestro púbero en hombre perfecto.

¿Cómo incrementar esta labor cultural? A base de activa propaganda: haciendo pasar por aquí hombres ilustres a quienes nuestra juventud aprenda a admirar; procurar por cualquier medio aumentar el número de estudiantes a base de becas, convenciendo a muchos padres de familia que pueden más de lo que dicen; fomentando la lectura... Nos parece maravilloso el nuevo campo de fútbol... Pero, ¿y la biblioteca, una biblioteca adecuada a la demografía y exigencias culturales de Tomelloso?

... Están ya las cosas de tal forma, son tan anchos los problemas que le van creando a nuestro pueblo, que no es posible solucionarlos desde un corrillo de la plaza. Son éstos momentos decisivos para nuestro adolescente. De ellos depende el que tengamos hombre el día de mañana, o sólo un cuerpo larguirucho, desnutrido y sensible al menor cambio de temperatura, siempre sometido a curas provisionales y de ocasión.

Francisco García Pavón

FERIA Y FIESTAS 2013

 

FERIA Y FIESTAS 2012

Estaba a punto de morir la revista literaria Albores, que floreció al final de los años cuarenta, concrétamente en mayo de 1949, cuando en una página de esa publicación aparecía el artículo firmado por Francisco García Pavón tratando de evitar lo inevitable, que Tomelloso en plena etapa de descompresión, permitiera su desaparación.

Quizás no sea lo más apropiado para presentar al artista en esta sección, lo mismo hay quien así lo cree. Mi más profundo respeto.Pero el creador de Plinio y Don Lotario era, sobre todo, un hombre comprometido con Tomelloso, fundador y colaborador de la revista y sabía de las consecuencias del materialismo desbocado. Es más, lo mismo en Tomelloso estamos inmerso en una situación similar. Lo mismo aquella descompresión se está repitiendo y genera un vacio de pérdidas que mañana echaremos de menos. Lo mismo nuestra ciudad no tiene hoy suficientes ganas de evitar que cosas que son nuestras, que ya forman parte de nuestras vidas, acaben despareciendo. Lo mismo este es el artículo idóneo de García Pavón para el momento actual.

¡Adios, "Albores!"

En este mes de mayo, cuando florecen las ramas, cuando florecen las sangres, cuando los campos se "afectan de diversos colores" -como decía el viejo poeta del "mester"- te nos vas, ALBORES, te marchitas tú. Cuando a la tierra comienza a crecerle la barba verde del cereal y la viña se satura de salud, feneces tú. ALBORES, Feneces: te crucificamos -nosotros mismos que te alumbramos- en una cruz hecha de ramas verdes, pujantes de savia, cargadas de mayo. ¡Adiós, ALBORES! Perdónanos. Los tiempos son malos. Y los malos tiempos soplan a favor de tus enemigos malos. Perdónanos a los treinta y cinco mil habitantes de Tomelloso que no tenemos tres mil pesetas mensuales para sostenerte. La vida es así. Ya sé que no morirás resignado, ALBORES. Pero la vida es así de cruel. Ya sabes el viejo adagio del hambre: "Si el estómago te acucia y no tienes el qué darle, cómete una mano. Y si acabada ésta no hubieras con qué remediar el hambre que te siga, cómete la otra, y así hasta que tú mismo contigo mismo te alimentes."

Durante estos últimos años el nombre de Tomelloso ha sonado en tres ámbitos nacionales: en el deporte, por su equipo de Tercera División; en el de la industria, por sus alcoholes, vinos y licores; en el de la cultura, por tí, ALBORES. Hace todavía pocos días, en un departamento del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, uno de los gerifaltes literarios me decía: "¡Pero ese Tomelloso es magnífico: tiene lo que casi ninguna capital de España: una hermosa revista literaría!..." Pero ese gerifalte no sabía que Tomelloso no tiene algo mucho más insignificante: tres mil pesetas mensuales. Sus fundadores se han gastado un apreciable capital en mantener a ALBORES durante tres años. Y ahora, cuando no pueden continuar el mismo sacrificio, ALBORES se hunde. No hay gente suficiente que pague cuatro pesetas mensuales para que ALBORES viva; no hay anunciantes bastantes para que ALBORES siga existiendo; no hay protectores para alargarle la vida. Hombres de todos los puntos cardinales de España han escrito gratis para ALBORES. Las mejores plumas forasteras lo han ensalzado. El más ruín hijo de Tomelloso ha presumido de que en su pueblo existe ALBORES; pero ahora, momento de la verdad, de la agonía, ALBORES sucumbe sin que una mugrienta calderilla se dedique a él. Tomelloso se va a comer una de sus manos por... un hambre ficticia.

Seguirán llenándose todos los domingos las graderías del campo de fútbol; seguirán rebosando sobre las mesas de juego del casino los billetes ociosos; seguirán los cines y los bares trajinando dinero sobrante, pero tú, ALBORES, debes morir. Así se ha decretado. La cultura, el cultivo del espíritu es un lujo, un "amusiment" decadente y poco viril, al parecer. Por eso, ALBORES, vas a ser crucificado en una mañana de mayo sobre dos ramas verdes, crujientes de savia... Y lo peor de todo, ALBORES, es que no serás martir; nadie se volverá a acordar de tí; ni siquiera merecerá tu sepelio el honor bufo de un entierro de la sardina. Nada. Morirás ante la ignorancia de todos. Sólo unos cuantos, poquísimos, rezaremos por ti hinchados de dolor, sintiendo el sabor de tu ausencia como el de una mano propia que devorásemos... Sólo te cabe un consuelo, ALBORES: el de saber que hay unos pocos, y mañana espero que muchos más (cuando este pueblo pierda un poco de su eufórica y escandalosa juventud), que al recordarte, al oír hablar de tí, nos sonrojaremos de vergüenza, de vergüenza negra por haberte dejado perder... Este es el segundo pecado nefando, el segundo fraticidio que Tomelloso comete con sus hijos de cultura, de auténtico progreso. El primero fue permitir que le quitasen el Instituto, donde estudiamos tantos pobres. Quienes contemplan indiferentes estas amputaciones, no podrán salvarse jamás. El pueblo, en su día de justicia, no los dejará subir en el carro del heno y les pondrá el "sambenito" de hijos espúreos.

Perdónanos, ALBORES, que no sabemos lo que nos hacemos.

*********

P.D. - Después de este enterramiento, ¿volverá a surgir ALBORES? Es mi voluntad que este grito sangrante sirva para despertar de su abulia a los que pueden y deben, y con el verbo -mágico en este caso- de su patriotismo y dinero se aproxiemen al sepulcro de ALBORES y al Lázaro todavía caliente le griten: "Levántate y anda."

BIOGRAFÍA

Francisco García Pavón (Tomelloso, Ciudad Real, 4 de septiembre de 1919 - Madrid, 18 de marzo de 1989) fue un escritor y crítico literario español, famoso por sus novelas policiacas protagonizadas por Plinio, Jefe de la Policía Local de Tomelloso.

Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Madrid con una tesis sobre Leopoldo Alas Clarín como narrador. Mientras hacía las prácticas de la milicia universitaria en Oviedo, escribió su primera novela, Cerca de Oviedo, que quedó finalista del Premio Nadal en 1945, en la segunda edición del premio, tras la primera ganada por Carmen Laforet con "Nada", quién precisamente animó a García Pavón a presentarse al citado premio literario. Profesor en la Escuela de Arte Dramático de Madrid. Cultivó la novela, el ensayo y la crítica teatral, pero destaca en especial por sus relatos, en los que era un maestro que hay que situar al lado del otro gran modelo de este género en su época, Ignacio Aldecoa. Están narrados en un cuidado estilo de raigambre cervantina y atentos al detalle costumbrista. Con ellos ha ganado varios premios, en especial uno de El Correo Literario, otro de Meridiano y el de la revista Ínsula, por citar solamente algunos.

El público lo apreció, sobre todo, como creador de un peculiar detective literario en la figura del Jefe de la Policía Local de Tomelloso, conocido por Plinio; éste, con la eficaz ayuda de su "Watson" particular, don Lotario, veterinario del pueblo, resuelve eficazmente todo tipo de casos que se presentan en la localidad manchega y alrededores, desde asesinatos a robos de jamones. Enfoca el género conocido como novela policíaca como una mezcla de lo estrictamente policíaco con elementos costumbristas y crítica social hasta donde era posible en la época. Eso le da pues un particular lugar en la historia de la novela negra española.

Dentro de la serie de Plinio destacan: Relatos de Plinio; Vendimiario de Plinio; Las Hermanas Coloradas (1969), Premio Nadal, novela que versa sobre la ocultación de un perseguido político tras la Guerra Civil española en la España de posguerra; El rapto de las Sabinas, novela que obtuvo el Premio Nacional de la Crítica también en 1969; Voces de Ruidera; El Reinado de Witiza, etc. Este personaje llegó a ser muy popular tras emitirse una serie de televisión con sus aventuras, protagonizada por el actor Antonio Casal.

Otras obras suyas, fuera del género policiaco, son Cerca de Oviedo (1945), primera de sus novelas y donde se satiriza la vida en una ciudad provinciana. Empezó a recoger sus relatos en Cuentos de mamá (1952), Cuentos republicanos (1961), Los liberales (1965), Los nacionales (1977) y El tren que no conduce nadie (1979). En ellos aparecen personajes, recuerdos y semblanzas de su vida. Por otra parte, La guerra de los dos mil años (1967) constituye un acercamiento al género de la ciencia-ficción.

El edificio de la Facultad de Letras de Ciudad Real (Universidad de Castilla-La Mancha) se llama Francisco García Pavón.

Un instituto de educación secundaria de Tomelloso lleva su nombre actualmente.

El Ayuntamiento de Tomelloso concede anualmente el Premio de Narrativa Francisco García Pavón.

Bibliografía de Plinio. Novelas

El reinado de Witiza (1967). El rapto de las Sabinas (1968). Las Hermanas Coloradas (1969). Una semana de lluvia (1970). Vendimiario de Plinio (1971). Voces en Ruidera (1972-1973). Otra vez domingo (1978). El hospital de los dormidos (1981)

Libros con varios relatos

Historias de Plinio (1968). Nuevas Historias de Plinio (1970). El último sábado (1974). El caso mudo (1980)

 

 

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